Cos d’Ebre, día 68



Después de 68 días de recorrido,Cos d’Ebre, Cuerpo Ebro, tras Cantabria, Castilla y León, Euskadi, La Rioja, Navarra y Aragón, llega a Cataluña. Nos encontramos a un paso de la desembocadura del Matarraña, a orillas del embalse de Riba-roja, en el Port Massaluca, un pequeño y acogedor camping que nos cobija con cariño y cuidados afectuosos antes de emprender el último tramo del camino. Siempre hospitalarios y generosos, Port Massaluca ya nos conquistó el corazón hace tres años, durante el desarrollo del proyecto Sequere, y esta vez quiso apoyar la producción de Cos d’Ebre. ¡Gracias a todo el equipo!
Ha transcurrido un mes desde mi última publicación, un mes que, al ritmo del caminar, percibimos como años. Si durante el primer tramo del viaje atravesamos la tranquilidad silvestre de la montaña hasta alcanzar el valle del Ebro, este último se ha convertido en una larga travesía por un territorio rural regulado, compartimentado y canalizado para fines agrícolas e industriales. La monotonía, el calor sofocante y el frecuente feísmo rural hicieron el caminar más pesado, hasta llegar a los cerros yesosos y terrazas fluviales cercanas a Velilla de Ebro, en la Ribera Baja de Aragón, que fueron un auténtico renacer de energías y ánimos.
La austera dureza de los núcleos urbanos de la Ribera de Navarra, construidos alrededor del trabajo de la tierra y sostenidos en gran parte por la inmigración, dio paso progresivamente a pueblos más amables aunque más ruinosos en la Ribera Baja de Aragón, donde el despoblamiento es más evidente cuanto más pequeños son, como es el caso emblemático de Velilla.
Y luego, llegaron el Mar de Aragón, la sierra de Caspe y la de Mequinenza, el embalse de Riba-roja y las historias dramáticas que yacen sumergidas bajo sus aguas.
Sin detenerme demasiado, quiero destacar algunos lugares y momentos especialmente significativos: la transición de realidades vivida en Santa Cruz (entre Sartaguda y San Adrián), la mágica chopera de Boquiñeni, la Isla Barataria en Alcalá, las ruinas romanas de Lépida Celsa, los sinuosos meandros de Sástago, la intensa tormenta de Escatrón y la tierra líquida del Ebro, el embalse y la sierra de Mequinenza, los galachos, el data center de Amazon y el inquietante desierto de paneles solares de Chiprana.
El 6 de junio en Zaragoza, Celeste Reyna organizó, junto con Ignacio Andrés, Radio Nikosia e Iberflumen, una sincronización comunitaria en diálogo con las aguas, poniendo en valor la potencia de los movimientos colectivos desde una falúa original. ¡Nuestro agradecimiento a todos y todas quienes participaron!
Durante nuestra estancia en Mequinenza, tuvimos el honor de recibir una visita guiada por los museos y el castillo, ofrecida especialmente para nosotros por su director, Javier Rodes. Estamos muy agradecidos con Javier por su amabilidad y disponibilidad y por habernos enseñado la resistencia y resilencia de su pueblo.
Para llegar hasta Mequinenza desde Caspe, fueron necesarios tres días de camino. Me acompañó el amigo y biólogo Jordi Martínez-Vilalta, gran caminante, con quien crucé la sierra de Mequinenza durante dos jornadas de calor implacable.
Finalmente, quiero resaltar especialmente la amabilidad y disponibilidad de las personas que habitan estas tierras, quienes nos han brindado apoyo y acogida a lo largo del río. La lista de agradecimientos ya comienza a tomar la forma de un poema.
Calendario de llegada
- Sábado 5 de julio (tarde): llegada a Tortosa desde Benifallet.
- Domingo 6: caminata de Tortosa a Amposta.
- Lunes 7: salida de Amposta hacia Sant Jaume d’Enveja.
- Martes 8 (día 82 de camino): final del recorrido con un chapuzón en el Mediterráneo.